La historia no se hace en un día, lleva años, decenios o hasta siglos de maduración. Nos compete a todos el paso del tiempo. El descubrimiento del conocimiento, el saber, el querer aprender, el no quedarse con lo que a uno le dicen, investigar...
Esa historia no se hace solo de una fuente, requiere un debate, una justificación, un proceso de datos, un análisis y conocimiento de causa.

Desde los tiempos históricos el hombre ha dejado testimonios de su actuar y de sus pensamientos en textos, que muchas veces fueron ocultados, o destruidos por “ofender la moral” de los sectores con poder. Los textos, apócrifos en sentido etimológico, significan cosas escondidas, ocultas. El término se aplicaba, en la antigüedad, a los evangelios destinados a humanizar la figura de Cristo. Se reconocen como tales alrededor de 75, quedando solamente 4, para el nuevo testamento que hoy conocemos y dejando así, solamente los aspectos sobre-humanos y milagrosos de esa figura histórica. Entre los cristianos, el término se usó para designar ciertos escritos de autor desconocido y de contenido ambiguo, controversial, pero que se presentaban con carácter de sagrados. Por eso, el término apócrifo vino con el tiempo a significar lo mismo que "sospechoso de herejía" , "poco recomendable", “peligroso para los fieles”.

Asimismo, muchos datos acerca de la vida de los Apóstoles proceden de fuentes apócrifas, algunos de esos datos justifican y explican la iconografía tradicional con que los solemos representar, que no podrían encontrarse en La Biblia. O en sentido contrario, textos escritos por los mismos autores, pero que no son reconocidos por su ambigüedad de interpretaciones.

Muchas mentes innovadoras, grandes conocimientos, avances increíbles, monumentos colosales, bibliotecas repletas de sabiduría, han sucumbido al brazo de la iglesia, denominados como apócrifos o herejes. Solo demostraron lo que no era verdad, a través de hechos, comprobaciones.

Desde lo más simple como que la Tierra no es el centro del universo, hasta el movimiento de las estrellas o los eclipses.

Vivimos en una mentira, la iglesia a lo largo de la historia se ha encargado de ocultar la verdad de sus íconos religiosos. Las fuentes están, las pruebas son irrefutables.

La pregunta es ¿porqué?, ¿a que se debe esta enorme confabulación?, ¿no hubiese sido tan imponente la verdad como la mentira?

¿Porqué no se dice que Cristo no murió en la cruz?, ¿Porqué no se dice que María Magdalena era su esposa y tuvo un hijo?, ¿Porqué no se dice que hasta el día de hoy la descendencia de Cristo está vigente en Francia?

La idea de apócrifo como “algo oculto”, es nuestra inquietud, nuestro motivo de existencia es revelar los hechos escondidos a través de la música, es nuestra fuerza. La fuerza Oculta de Apócrifa...

Gonzalo Giuliani 17/01/05